Los trastornos de ansiedad del
anciano han recibido escasa atención. La presencia en estas edades de la vida
de otros trastornos mentales más específicos y graves como las demencias
explica que la ansiedad y sus trastornos se hayan considerado ‘patología ligera’.
Sin embargo, tienen un impacto considerable en la funcionalidad del sujeto,
suponen un deterioro importante en la calidad de vida y se asocian con una
mayor mortalidad. Por otra parte, generan una carga asistencial importante.
Con frecuencia, los pacientes
con patología ansiosa solicitan asistencia, principalmente en atención
primaria, ya que rara vez son capaces de atravesar los filtros asistenciales y
recibir asistencia especializada, que con frecuencia conlleva que no sean
tratados correctamente.
Los trastornos de ansiedad
suponen, además, un importante coste. Su elevada presencia, el amplio grupo
poblacional al que afecta y la mayor demanda obliga a plantear, como objetivo
asistencial prioritario, la atención correcta a esta patología. Si conocemos
más de su naturaleza, de su clínica y evolución podremos tratarla más eficazmente
y esto se traducirá en una mejor calidad de vida del paciente y de su entorno.

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