Una caída se define cuando una persona aparece en el
suelo o en un nivel inferior; en ocasiones, una parte del cuerpo golpea contra
un objeto que interrumpe la caída. Típicamente, un evento causado por un
trastorno agudo (p. ej., un accidente cerebrovascular o una convulsión) o
riesgos ambientales desmedidos (p. ej., golpe contra un objeto en movimiento)
no se considera una caída.
Las caídas ponen en riesgo la independencia de los
ancianos y causan una cascada de consecuencias individuales y socioeconómicas.
No obstante, los médicos muchas veces no advierten caídas en un paciente que no
presenta lesiones porque la anamnesis y el examen físico en general no incluyen
la búsqueda específica de este evento. Muchas personas ancianas se muestran
reticentes a informar una caída porque la atribuyen al proceso de
envejecimiento o porque tienen miedo de que limiten sus actividades o las
internen.
El mayor factor predictor de una caída es el antecedente
de otra caída. Sin embargo, las caídas en las personas ancianas rara vez tienen
una sola causa o factor de riesgo. Una caída suele ser el resultado de una
interacción compleja entre los siguientes elementos:
-Factores intrínsecos (deterioro de la función
relacionado con la edad, trastornos y efectos adversos de fármacos)
-Factores extrínsecos (riesgos ambientales)
-Factores situacionales (relacionados con la actividad
que realiza el paciente, p. ej., correr al baño)

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