Por autoestima en el adulto
mayor debemos entender la importancia y el afecto que se tiene a sí mismo. Para
crearse dicho autoconcepto, el adulto es capaz de conocerse, valorarse y
percibirse, incluso en condiciones adversas de la vida.
La construcción del concepto
de autoestima se forma de la interacción de tres esferas principales: la
primera es el Yo (mi manera de actuar, mi manera de ser más conocida). La
segunda es lo que influye en mi mundo cercano (mi familia, mis amigos, mis relaciones
sociales). Por último, la tercera esfera es la interacción cultural y los
conceptos que existen en ella. Por ejemplo, en una sociedad donde el Adulto
Mayor es valorado culturalmente y es apreciado por sus conocimientos y
sabiduría, es menos probable que se presenten graves problemas de la
autoestima, como el constante deseo de morir, ya que esta percepción social
ayudará a que el anciano tenga un lugar especial en ese grupo en particular.
Por el contrario, en las sociedades modernas el adulto mayor tiene mayor
dificultad de conocerse y valorarse, ya que el reconocerse viejo es uno de los
valores más criticados y por lo mismo es excluido.
La importancia del autoestima
radica entonces en que dará pauta a nuestras conductas en el andar cotidiano.
Para algunos investigadores, la autoestima en el adulto mayor puede ser alta o
positiva cuando la persona se reconoce como importante para sí y los demás,
tiene deseos propios, los expresa y defiende; cuando enfrenta las crisis, los
cambios y las pérdidas, cuando reflexiona, busca apoyo e información y cuando
busca autonomía y la disfruta. Pero también puede presentase una autoestima
baja o negativa, como cuando el adulto mayor tiene una poca aceptación de sí
mismo, cuando cree que por su edad no sirve o es un estorbo, cuando no acepta
los cambios en su cuerpo y se deprime, cuando es negativo, cascarrabias,
pesimista y le cuesta dar y recibir afecto.

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