El asma no hace distinciones de edad, sexo, raza o condición
social, puede ser mortal y no es un trastorno propio de la edad ni
necesariamente se adquiere con los años, ya que a lo largo de la vida se puede
desarrollar en cualquier momento. Sin embargo, es en las personas mayores donde
adquiere una especial dimensión, habida cuenta de que el proceso natural del
envejecimiento puede obstaculizar su diagnóstico y tratamiento. De hecho, es
frecuente, según los expertos, que en estos pacientes se confunda el asma con
la bronquitis crónica, e incluso, como ocurre con otras tantas enfermedades, se
la considere “un trastorno propio de los años”. Ello explicaría la aparente
baja incidencia de asma en la tercera edad.
El anciano asmático -como los niños con asma- requiere una
vigilancia especial para que cumpla el tratamiento, ya que en ocasiones
presenta también fallos cognitivos como pérdida de memoria. Otras veces,
determinadas enfermedades adicionales como la artritis puede entorpecerles o,
es más, llegar a hacerles imposible el uso de un inhalador activado
manualmente, con lo que un familiar debidamente informado deberá intervenir
para que el tratamiento sea aplicado correctamente. Hoy día ha habido avances
importantes que facilitan esta acción, como es la aparición de medicamentos con
un único dispositivo provisto de broncodilatadores y corticoides inhalados en
polvo seco, lo que permite ajustar la medicación a las necesidades del
paciente. En otros casos, puede ser más fácil tragar un medicamento líquido que
un comprimido si los dos son igualmente efectivos.

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