Una de las características
básicas de los seres vivos es su disposición para adecuarse a un entorno en
constante transformación (Adaptación). El envejecimiento no es sinónimo de
enfermedad, ni de cuidados paliativos, sino que significa disminución de la
capacidad del organismo de adaptarse a situaciones de estrés.
Esto conlleva que ante la enfermedad la respuesta sea distinta y por tanto que
las manifestaciones que presenta no sean con frecuencia las esperadas en la
población más joven, lo que dificulta su abordaje. A esto hay que unir el hecho
de que se atribuyan manifestaciones patológicas al envejecimiento y se asuman
como normales "para la edad" sin serlo. Lo frecuente es distinto de
la normalidad y es importante diferenciarlo. Otra de las características
diferenciales de la enfermedad en el anciano frente a edades más jóvenes, es su
tendencia a provocar incapacidad.
La edad cronológica es un discriminante sensible de mortalidad, discapacidad,
institucionalización y consumo de recursos entre grupos, pero es un predictor
de baja fiabilidad en el individuo. En la actualidad el parámetro que es más
fiable, cuantificable, transmisible y con mayor poder de discriminación entre
sujetos es la función, esta se define como la capacidad personal de adaptase a
los problemas que plantea la vida diaria. Su evaluación sistemática ha
demostrado ser más sensible que el tradicional juicio clínico en la detección
de problemas.

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