La mala salud no tiene que
ser una característica predominante de la edad avanzada. La mayoría de los
problemas de salud que enfrentan las personas mayores están asociados con
enfermedades crónicas, en particular enfermedades no transmisibles. Muchas de
estas pueden prevenirse o retrasarse con la adopción de hábitos saludables.
Otros problemas de salud
pueden tratarse con eficacia, sobre todo si se los detecta a tiempo. E incluso
las personas con disminución de la capacidad pueden vivir una vida digna y de
permanente crecimiento personal en los entornos favorables adecuados. Sin
embargo, el mundo está muy lejos de estos ideales. El envejecimiento de la
población exige, por consiguiente, una respuesta integral de salud pública. No
obstante, no se ha debatido lo suficiente sobre lo que esta respuesta
implicaría, y hay pocos datos empíricos acerca de lo que podría hacerse (3, 4).
Pero esto no significa que no se pueda hacer nada por ahora. De hecho, es
urgente pasar a la acción. Este informe presenta en detalle lo que sabemos acerca
de la salud y el envejecimiento, y construye un marco estratégico para la
acción en materia de salud pública, con opciones de próximas medidas prácticas
que pueden adaptarse para usar en países de todos los niveles de desarrollo
económico.
Además, el informe aborda
los cambios asociados con el envejecimiento a lo largo de toda la vida. Sin
embargo, dados los problemas específicos que plantea la edad avanzada y la
escasa atención que este período ha recibido tradicionalmente, el informe se
centra en la segunda mitad de la vida.

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