“El acto de comer” va mucho allá de saciar el hambre, es un acto
social y relacional de los mayores con sus seres más próximos y queridos, que
les reporta importantes satisfacciones y bienestar psicoafectivo. Junto a los
trastornos del ritmo intestinal (estreñimiento) y los problemas de conciliación
del sueño (insomnio), constituyen los tres problemas más comúnmente referidos
por las personas mayores cuando se lleva a cabo un cuestionario de
satisfacción/insatisfacción vital.
La alimentación es un proceso voluntario y por tanto educable, a
través del cual introducimos los alimentos que contienen a los diferentes
nutrientes. La nutrición es un proceso involuntario y por tanto no modificable
voluntariamente, a través del cual el organismo transforma los nutrientes de
los alimentos en energía y va ligada a una dieta (alimentación) equilibrada, la
cual depende de:
a. La disponibilidad y accesibilidad a los alimentos.
b. El poder adquisitivo
de este colectivo (personas mayores con pensiones limitadas).
c. Los gustos, creencias
y conocimientos sobre los alimentos que posean los mayores, en definitiva, el
comportamiento alimentario de estos.
El comportamiento
alimentario en los mayores es fruto de años, con influencias de sus ancestros y
de factores culturales, geográficos, etc., enraizados y arraigados durante
décadas y por tanto lentos de cambiar y difíciles de erradicar. La mujer
rechaza las carnes, las legumbres y la leche, siendo más saludable que en el
caso del hombre, que rechaza la pasta, las verduras, el pescado y los derivados
lácteos, aproximándose más la mujer al concepto de “dieta mediterránea”,
prototipo de dieta variada, equilibrada y saludable.

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