Las poblaciones mayores se
caracterizan por una gran diversidad. Por ejemplo, algunas personas de
80 años tienen niveles de capacidad física y mental comparables a los de
muchos jóvenes de 20 años. Las políticas deben estar formuladas de manera tal
de permitir que tantas personas como sea posible logren estas trayectorias
positivas de envejecimiento. Y deben servir para derribar la gran cantidad de
barreras que limitan la participación social y las contribuciones permanentes
de los adultos mayores. Es preciso tener en cuenta que otras personas, en
cambio, presentan una disminución considerable de sus capacidades a edades
mucho menores.
Por ejemplo, algunas personas en el entorno de
los 60 años de edad pueden requerir la ayuda de terceros para llevar a
cabo actividades incluso básicas. Una respuesta integral de salud pública al
envejecimiento de la población también debe ocuparse de sus necesidades.
Fomentar las capacidades y satisfacer las necesidades de poblaciones tan
diversas puede dar lugar a políticas que parecen inconexas y que incluso pueden
administrarse a través de ramas diferentes y contrapuestas de los gobiernos. En
cambio, resulta más conveniente considerar las diversas necesidades de las
personas mayores como un espectro de grados de funcionamiento, por lo que una
respuesta de políticas integrales debe ser capaz de conciliar estos diferentes
matices en una descripción coherente del envejecimiento.

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