Actualmente México cuenta con
118.3 millones de habitantes, de los cuales 11.2 millones tienen 60 años o más
y representan 9.5 por ciento; en 2050 serán 32.4 millones y representarán 21.5
por ciento de la población total (Conapo, 2012). Además, mientras que por
ejemplo, a Francia le tomó alrededor de 115 años pasar de siete a 14 por ciento
de la población de 65 años o más entre 1865 y 1980, a México le tomará 19 años
alcanzar esas proporciones y de acuerdo con las proyecciones de población será
entre 2016 y 2035, lo que refleja ese acelerado proceso de envejecimiento
poblacional.
La población en edades avanzadas
presenta un perfil heterogéneo de salud con la prospectiva de que los
escenarios a corto y mediano plazo no serán mejores. Este proceso de
envejecimiento tendrá consecuencias importantes en términos de salud. La acumulación
de exposición a riesgos incrementa la probabilidad de tener enfermedades
crónicas y discapacidad en las edades avanzadas. El cambio en el perfil
epidemiológico, el paso de las enfermedades infecciosas a las enfermedades
crónicas plantea un escenario nunca antes visto en México, en especial el
incremento de la sobrevivencia con deterioros en el estado de salud y en un
segmento más grande de la población conforme se avanza en la transición
demográfica.
Envejecer con enfermedad o
discapacidad afecta involuntariamente la vida de los adultos mayores y una de
las consecuencias más significativas es dejar de trabajar. Según estimaciones
del conapo (2004) un individuo que llegó sin discapacidad a los 60 años, vivirá
en promedio 2.5 años con algún tipo de discapacidad. Esta cifra aumenta a 3.1
años en las mujeres, cuya esperanza de vida a esa edad es de 22.1 años.

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