Ante el aumento de la cantidad de adultos
mayores en el mundo, la arquitectura ha venido creando y reestructurando
inmuebles que se adaptan a las condiciones de esta población.
Las veredas rotas y con desniveles; la falta
de rampas en esquinas, o las existentes no cuentan con el ancho adecuado ni con
pasamanos; la vía pública ocupada por carteles, mostradores que sobresalen de
los negocios, heladeras comerciales, productos, mesas y sillas; los locales con
toldos bajos; el transporte público con unidades obsoletas, escalones altos,
pasamanos elevados y sin que los choferes acerquen la unidad al cordón o se
espere a pagar son algunos de las principales dificultades con que se
encuentran diariamente las personas adultas mayores en las ciudades.
Estas barreras arquitectónicas, urbanísticas,
en el transporte y la comunicación atentan contra un envejecimiento activo.
Suelen ser una de las principales causas de caídas en adultos/as mayores en la
vivienda, edificios públicos, en la calle y en el transporte; y de reclusión en
las viviendas, con las posteriores consecuencias: aislamiento, pérdida de redes
sociales, depresión, psicofármacos.

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