La vejez es una etapa de la vida en la que
suceden una serie de pérdidas que facilitan la aparición del sentimiento de
soledad.
Se describe como el "convencimiento
apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso a ese mundo de
interacciones, siendo una condición de malestar emocional que surge cuando una
persona se siente incomprendida o rechazada por otros o carece de compañía para
las actividades deseadas, tanto físicas como intelectuales o para lograr
intimidad emocional". La soledad no siempre es un sentimiento
negativo, por lo que podemos hablar de soledad objetiva y soledad subjetiva.
Salir al paso de la soledad no es
exclusivamente una responsabilidad de la persona mayor o de la familia, sino de
la sociedad en su conjunto. Ésta debe sensibilizarse ante este problema,
generando y desarrollando programas terapéuticos de prevención y control de la
soledad y la depresión que deberán detectarla, neutralizarla y, sobre todo,
prevenirla. La familia juega un papel fundamental, se la puede
considerar el principal soporte social del anciano, considerando las relaciones
y el amparo en los seres queridos como un recurso clave en la lucha contra la
soledad. El rol de abuelo podría ser una muy buena solución para conseguir
una mejor relación familiar.

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