Cuando llegamos a mayores, son
muchas las causas que nos pueden llevar a estar ligados a otras personas por
estados de falta o pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual.
No obstante, esto puede
suceder a cualquier edad ya que hay varios tipos de dependencia y que se pueden
presentar en diferentes grados.
Física: no podemos realizar
nuestras funciones corporales y básicas de la vida diaria (tareas domésticas,
de higiene, alimentación, control de esfínter, etc...) Social: cuando
dependemos de una o varias personas emocionalmente para refugiarnos en una
pérdida humana.
Económica: pasamos a ser
miembros dependientes de un hogar.
Mental: perdemos nuestra
capacidad de tomar decisiones propias Es importante por lo tanto hacer todo lo
que esté en nuestra mano para evitar la situación de dependencia llevando
hábitos de vida saludables porque existe una clarísima interrelación entre
salud y dependencia, y si ya se ha llegado a la presencia de la dependencia,
unos cuidados sanitarios adecuados son esenciales para la adecuada adaptación
de la persona a la situación y que no agrave, mejorando su calidad de vida.
Sin embargo, se estiman en más de 4.000.000 el número total de personas con
alguna discapacidad; en torno al 10% por ciento de la población española. El
porcentaje de personas con limitaciones aumenta conforme aumenta la edad,
especialmente se acelera alrededor de los 80 años. Si de un tiempo a esta parte
la persona ha cambiado sus costumbres respecto a ciertos hábitos, convendría
asistir a un médico de atención primaria, que será quien remitirá al paciente
al Geriatra.

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